domingo, 31 de marzo de 2013

NORMAS PARA UNA VIDA DIGNA: AMOR PROPIO

EL AMOR PROPIO


No es la primera que me decido a escribir por estos lares acerca de esta vital variedad del amor, vulgarmente conocido como autoestima. He de confesar  que los dedos se me contraen solo al recordar, en una pasado, todas aquellas ocasiones en las que el amor propio me hubiera librado de desfallecer entre lágrimas.

He reflexionado en voz alta sobre el amor de la pareja, la insoldable, incomprensible e incontrolable familia. El amor a los hijos e incluso del deseo de amar a alguien. En este momento, puede resultar narcisista considerar que la palabra autoestima me enerva. Literal y profundamente. 

¿Por qué si es tan bello y maravilloso amar a otro, a nosotros mismos nos estimamos?  

Si ya lo dice el término: auto-estima, estima a uno mismo, estima retrógrada, circulación continua no fluctuante de sentimientos románticas hacia uno mismo. NOO Amor Propio. Amor a tí, el desarrollo más humano e emocional del instinto de supervivencia.  Mal vas si no te  amas. Poco es si solo te estimas.


Enlacemos términos pues...


- Amar es sentir Cariño, pero antes de mostrar cariño aprendemos a recibirlo, y solo recibimos si somos conscientes de que lo meremos.

- Es fusión material y espiritual entre lo que somos y lo que queremos ser. Respetando nuestras habilidades y reconociendo sus límites. Para poder unirnos espiritualmente con otra persona, antes debemos ser conscientes de nuestro propio espíritu.

- Amar es Entregar tu vida a una persona. Pero para poder entregar tu vida a otro antes tienes que ser pleno dueño de ella.

 -Amar es sentir el corazón repleto, sin huecos que cualquiera, merecedor o no, pueda ocupar. Llena tu corazón tus amores y solo entonces, deja que el amor llame a tu puerta y construya su propio lugar. 

- El amor es unión entre dos personas, no dependencia. Si necesidad. Cuando tu corazón pueda sobrevivir con tu propio amor, plantéate unirte a otra persona. 



Porque cuando afirmamos que al AMOR ES COSA DE DOS, nos olvidamos que el amor que cada uno pone sobre la mesa es su Amor Propio y que este a veces, en lugar de crecer se consume, pues se trata de un bien escaso que debes cultivar. Cuidado NO rondemos en la exacerbación del orgullo aforado. Ese que se atreve a evaluar la dignidad de los valores de otros porque la ecuación es perfecta y sus términos son equivalente y su proporción más que constante. 


La autoestima se ha convertido en la medida general para las masas. Con una adecuada autoestima gastamos más dinero en ropa, salimos más a la calle, tenemos más vida social, mejoramos en el trabajo, invertimos más en bolsa, los políticos nos roban pero nos sentimos capaces de recuperamos. Estamos por encima de la pérdida y la frustración y no pensamos que lo tenemos es lo que nos merecemos. 

Cuando cultivábamos el amor propio surgieron los sindicatos, los movimientos social y las reformas laborales... porque es más difícil pisotear a un pueblo enamorado de sí mismo, que se valora y se da su lugar en el mundo tomando de él lo que le pertenece. Cuando nuestro amor propio nos abraza el corazón, las capas de la dignidad se fortalecen, y la justicia toma su peso



Sería inútil dedicar mi tiempo aquí si no termino de gritarme las cosas bien altas. Si no me amas será horrible fingir que no lo veo. Si no me amo podrás fingir que me amas o amarme y no sabré realmente de que estás hablando.


Todo esto llevado a casa se traduce así. Si estoy frente a tí y no me miras pueden pasar dos cosas:


Autoestima: volveré al baño y me atusaré un poco más el pelo o usaré un poco más de colonia, quizás me cambie de ropa.

Amor propio: gritaré eh! y me sentaré a horcajadas sobre tí. Y tú babearás al darte cuenta que esa mujer frente a tí, te quiere, no está ahí porque te necesite. 




martes, 26 de marzo de 2013

Cartas en el Equipaje

Cuando vives para escribir es difícil imaginar que tus propios dedos te puedan traicionar.  Veremos qué tal nos va.

Tenemos compartimentos en el alma. Un rico muestrario de baúles, alforjas,  y lujosas maletas de Louis Vuitton, Prada e incluso, deshilachados petates. Unos dignos de cargar, otros esconden vergüenzas. Un par de ellas almacenan miedos cuidadosamente doblados y en el bolso de mano llevamos los terrores más oscuros. Entre el clínex y el paracetamol. Ocultando lo más valioso a la vista de todos y detrás de nosotros mismos.

Filosofamos, divagamos y opinamos de la vida. Jugando a saber y simulando indiferencia ante el barullo de interferencias que nublan decisiones. ¡Y qué vemos! Tan solo la larga distancia entre lo que queremos ver y lo que en verdad hay frente a nosotros. Tan solo eso, simple y llanamente.


En una línea recta, delgada y suave. Bañada en grasa y jabón. Un camino con vientos huracanados y mortales trampas en una escalada atemporal de autodesafío. Creer en los sueños, en las oportunidades, las variantes y las decisiones correctas. Ensoñaciones traducidas en  caminos sin meta, sin final. Porque se puede estar perdido y  luego, también puedes perderte.




Así, caminar es colocar un pie delante del otro sin saber a dónde vas. En mi mano derecha el esfuerzo diario por resurgir, rescatando todo cuánto quedó en los rescoldos. La teoría de la supervivencia y el Ave Fénix. En la izquierda las certezas, las pruebas, los fracasos traducidos en tiempo consumido, la decadencia, la autocompasión, la pérdida y la pena. Un peso descompensado. ¿Miedo? no. mucho peor. La negación del pánico. El autoengaño. La cobra que danza para sí misma.

Yo me engaño, tú te engañas y él se engaña, entonces… ¿nos engañamos? Evidentemente. Entre todos. Jugamos al ajedrez cuando  la propuesta desde arriba fue “la ruleta rusa”.

De nuevo no vienes. De nuevo no soy capaz de mantenerte a salvo. Vivo.  Toca esperar y seguir esperando. Me toca apagar mis necesidades golpeando teclas en lugar de acariciar tu rostro y oler tu cabello. Mi mano izquierda.  

Imaginar tu nombre o escuchar tus sueños. Diseñar un mundo mejor para cuando llegues y convencerme de que todo sigue aunque te quedes donde estás ahora. Soñar que mañana relataré lejanas historias mientras vuelvo a la ironía de la ignorancia. Diseñando y describiendo al detalle el camino de huída mientras la delgada línea que separa la realidad de mis deseos se alarga. Mi mano derecha.

Y no soy capaz de dejar atrás ningún equipaje. Ninguno. Dándome cuenta de que en algún momento dejé de escribir para mí y lo hice para ti.

De nuevo, aquí tienes otra carta de mamá.

domingo, 24 de marzo de 2013

¿Sueños valorados?

El valor de los sueños no se puede medir  ¿podemos decir entonces que no tienen valor?

Podemos decir tantas cosas. 

Por ejemplo; podemos decir que el valor depende del carácter material del sueño. Hablaremos en euros para un coche europeo o en dólares para una granja en Luisiana.

Quizás lo podríamos medir en tiempo si hablamos de paciencia o espera. O tal vez en porcentajes u oportunidades si hablamos de la lotería o de conocer a la mujer de tu vida comprando el pan.


También está la opción de esfuerzo si lo que ansiamos es un ascenso o un aumento de sueldo. O de trabajo físico si queremos levantar nuestro hogar desde los cimientos. De persistencia si conseguimos casarnos con el vecino del que estamos enamoradas desde los doce. De pasos si quieres hacer el Camino de Santiago o de sudor en el gimnasio por estar en forma en verano. De horas de sexo si buscas amor entre las sábanas o de cenas en restaurantes si te desesperas con las citas. y qué de los sueños que pesan ¿qué hacemos con ellos?

En algún cajón, por aquí guardados, están los sueños idealizados, esos... los de las Misses; la paz en el mundo, el fin de las guerras, que todos los perritos tengan hogar y que los niños de África no se mueran de hambre.

Y ¿qué os parecería si los valoramos en función del tiempo que dedicamos a desearlos y no a conseguirlos? Es otra opción, no lo podéis negar ya que, para más "inri" como diríamos en estas fechas, son los más comunes. No lo niegues porque es peor. Date cuenta de una vez que el valor de los sueños es intrínseco a la calidad del tiempo que invertimos en conseguirlos. ¿No lo entiendes? Espera... te lo explico.


Si vuelves arriba y relees, prueba a encontrar un solo sueño en el que no invirtamos nuestro tiempo. Da igual cómo se llame la meta, el camino habrá que recorrerlo sea más largo o más corto. Sentemos un par de precedentes para la explicación:

- La vida no hay que sobrevivirla, hay que vivirla.
- Vivir no es tener, es conseguir.
- No vales por lo que consigues sino por lo que eres.
- Pese a lo que digan por ahí, nadie nos garantiza otra vida después de esta y poco importan las que hayan venido antes si la que tienes la malgastas.

Por si aún no lo tienes claro, te traduzco estas cuatro verdades (que seguro hay más por ahí porque cada uno tenemos las nuestras):

Vivir es ser capaz de alcanzar los sueños por el camino y convertir el camino en un sueño

¡Claro que no!, ¡llevas razón!, todo lo que pone aquí no es verdad. Pero lo que importa es en quién me convierto mientras deseo que mi sueño se haga realidad.












miércoles, 20 de marzo de 2013

Sin rostro, sin voz.


Ayynn... estoy totalmente enfrascada con la historia de Wattpad y esto está un poco abandonado, lo sé. Pero es que mis dedos no dan más de sí. Pero os voy a dejar algo por aquí, no soy muy partidaria de los pedacitos pero si de compartir retazos. Y aquí va uno de ellos. Uno calentito por cierto. 


Me desperecé con un caliente aliento detrás de mi oreja. ¡Cómo lo había echado de menos!. Mi espalda pegajosa por el calor que desprende su cuerpo y el posesivo toque de su enorme mano en mi cadera. Mi cabeza delicadamente apoyada en su antebrazo y en mi nuca el suspiro de su respiración. Ya sabía cómo iba a acabar esto. Los empujes de su cadera en mi trasero eran el más melodioso reclamo para mí.

Había aprendido a disfrutar de estos momentos con las limitaciones habituales, así que desistí de abrir mis ojos y exorbité mis demás sentidos para sacar el mayor partido a la extraña disfunción de mi cerebro. El tacto de su piel suave y firme, morena en mi mente. Su olor limpio y enormemente varonil, más allá que embriagador, más allá de la sensualidad, un elixir creado exclusivamente para mi deleite. Y de su boca tan solo escapan gemidos, gruñidos y profundas respiraciones que me excitaban en silencio, encendiendo lumbres en el hielo. En mi estómago el vacío cotidiano de su voz y su rostro, la mala jugada de mi mente traicionera y esquiva. Castigadora.

Durante los últimos dos años había despertado con este hombre en incontables ocasiones, no a diario pero si frecuentemente. Tanto que sentía su ausencia como una carencia, una necesidad. Ahora lo tenía aquí y solo tenía que dejarme llevar.

Los envistes de sus caderas se incrementaban mientras deslizaba su mano desde ascendiendo desde mi cadera, por debajo de la camiseta hasta mi pecho, apretando pellizcando y masajeando allá por donde pasaba.  Toda mi atención en sus manos que se cerraban acercándome más a su pecho y clavándome su erección matutina en la parte más baja de espalda. ¡Oh cielo! Reconocía a la perfección cada uno de sus movimientos y la anticipación me mataba, deliciosa. Más cerca  ahora, su aliento no rozaba mi nuca sino que penetraba en mi oreja y convertía el ritmo de su respiración en un impulso sexual y eléctrico directo y feroz mientras arañaba con sus dientes ese epicentro del placer para mí, la piel fusto delante de mi oreja. La sensación fría de la contracción de mis músculos desde mi rostro hasta los dedos de las piel daba paso a un sunami de calor abrumador que acababa en el baile antiguo de mis caderas empujando hacia atrás en su busca. Suspiros y quejidos se derraman en una espiral hambrienta.

Sé que si me doy la vuelta desaparecerá, como cada noche. Opto por entrelazar mis dedos entre los suyos con la firme intención de sujetarlo aquí, en mi cama. Su complicidad me divierte. Llevo sus dedos a mi boca y valiente por la falta de inhibición  de la desvergüenza, voy besando sensualmente cada uno de ellos. Con esfuerzo sujeto mi lengua dentro de mi boca, me muero por lamerlo, chuparlo… la perversión con un desconocido puede ser sencilla. También puede ser solo aparente.

Cambio mis labios por mis dientes e introduzco su dedo corazón profundamente en mi boca con cuidado de no rozarlo con los labios o la legua. Un sabroso juego para ambos. Dejo que su yema se encienda con el fuego que se escapa de mis pulmones para después cerrar los dientes sobre él y deslizarlos a lo largo de toda su longitud, en una aguda advertencia de la pasión que estaba por desatar. En mi espalda, su pecho ha dejado de moverse y me siento poderosa, una diosa capaz de contener el aliento del perfecto hombre que he creado para mí. Algo vanidosa también, por qué no reconocerlo. Por qué no disfrutar de ello.

Cuando libero su dedo también suelto el agarre en su pecho y toda su contención. En un segundo está encima de mí cubriendo mi boca con la suya y obrando su poderosa magia sobre mí. Sus besos tienen el más puro sabor a hombre, al gozo más sexual que una mujer puede imaginar porque… los sueños, sueños son.

Lo devoro y me devora, su lengua es una gruesa serpiente en mi boca. Me envuelve, se retuerce, me acaricia y me promete tantas cosas. En expertos movimientos, libres de cualquier indecisión, timidez o precaución se coloca entre mis piernas abriéndolas con sus rodillas sin delicadeza alguna. No la quiero a esta, no la necesito. Lo necesito a él. Sus minutos, sus segundos. Su piel entre mis dedos para apretar sus músculos y gritarle al cielo que ardo, que me quemo. Empujo confiada mis caderas hacia arriba sabiendo que sus promesas de hundirse en mi están ahí cada noche y maldigo la certeza de que los fuegos serán contenidos, nunca controlados. Jamás extinguidos. Encuentros juveniles mal apagados con un maravilloso hombre sin rostro que en los últimos años ha puesto el listón demasiado alto para cualquier hombre terrenal.

Sin detenerme demasiado en la frustración por venir me dejo ser… subyugada en un ritual de sensualidad con mi ángel caído del que no me quiero salvar…

-        OH…. Joder!! – he vuelto a quedarme dormida, en el despertador, M-Clan y su Ritual han complicado mis sueños, más aún, si fuera posible. Debería sentirme insatisfecha por la ronda de sexo sin concluir pero sin embargo, no puedo más que  conformarme con lo que mis sueños me dan.

Me niego a darme una ducha fría, prefiero mantener el calor sobre mi piel y hacer mi día más llevadero. Necesito algo de sexo ¡Ya! Me grito interiormente. Desde abajo….

viernes, 15 de marzo de 2013

Ironías

Yo pensando que me echabas de menos y ahora resulta que me echas de más.

Pues sí señor, eso es lo que hay. Que las apariencias engañan por temprano que te levantes y encima, el error no es cosa de un solo día. Los bruces se estrellan cada mañana, repetidamente, reiteradamente, insistentemente y todo lo terminado en mente que sea isisten...te. Dejémoslo aquí.

Las novedades estas mañana hablaban de posibilidades y de huecos. Si, básicamente  en la probabilidad de que los huecos sean tapados, y de no ser así, el reclamo al alba para hacerlo ipso facto.

 - Que no te echo de menos, digo, es más bien que prefiero, a poder ser, no ir solo -

La velocidad de razonamiento ante las necesidades no cubiertas se traduce en capacidad de reacción. Sí señor, muy compasivo el término. Esta, señores, es la diferencia entre pasar la  mañana fuera con tu pareja o acompañarla a algún lugar. Al más puro estilo lazarillo, con travesuras, queso, vino y todo. Bien pareciera que al autor lo habían dejado plantado esa misma mañana, emperifollado y tras la puerta por la injusta revelación de que los huecos habrían sido cubiertos en los segundos anteriores a la salida de la vivienda. Por otro, claro está.  Pues en estos casos de notorio abandono, bien merece enmarcarse en delicadas terminologías y sujetarse al salvavidas de la ironía que gritar a la puerta lo que piensas. Más que nada porque es la que se queda, que el que tiene orejas va enfrascado en una conversación tan amena y absorbente que ha olvidado el beso que no te perdonó ayer, o la sonrisa enamorada que has echado de menos.

Claro, normal... si no me echas de menos, que resulta que me echas de más. Que torpe que soy a veces.

Pero bueno tú no te enfades que en estos días soy tan mala, tan egoísta, tan fuerte, tan insensible, tan indiferente, tan despreocupada y tan poco mujer que a veces se me escurre el sarcasmo. Pero solo un poco.

Aunque... si dejaste de leer sería una lástima, ciertamente. Porque es ahora cuando viene lo mejor.

¿Sabes que hice cuándo te largaste? Pues hice lo que toda mujer debe hacer.

Cerré la puerta y sonreí porque habías sido libre de salir. Cuando vuelvas serás un poco más feliz y será más bonito estar juntos. Puse bien alta la música que no te gusta escuchar y he destrozado mi garganta a la par que un par de lindas canciones. He abierto ventanas y balcones y he vuelto a dar las gracias por vivir en el campo mientras destrozaba otro par de bonitos temas, cuyo inglés domino a la perfección, por cierto. Algún día las cantaré para tí. He pasado la mopa y toda esa sarta de sencillas tareas que hacemos a diario sin que os deis cuenta y en un pis pas estaba enroscada en mi sofá, abrazada a la estufa y rascando alguna que otra cabrilla en las piernas. He leído, he escrito e incluso he dibujado un rato.

Y ahora, no me siento abandonada sino estúpida, realmente inútil, incompetente como mujer y como persona ¿Qué por qué? ¿En serio me lo preguntas? Pues claro que lo haces, la intuición no es tu fuerte y te quiero así, qué le voy a hacer.

Sabes que ocurre, que a veces me olvido de que existo... si eso es lo que quiero decir. A veces olvido que me necesito para tapar mis propios agujeros y que tú eres libre de hacer con tus huequitos lo que te venga realmente en gana y aunque las palabras no sean melodiosas, ni rimen y lleven en ellas las cadencia que me caracterizan, sé que te llegan más altas y más claras así, tal cual.

Y es que, eso es lo que a mí me pasa, ese es el "talón de Aquiles" de la superheroína de tu casa, Te tienes que ir para que sepa que necesitaba estar un rato a solas. Que me necesito a mí misma. Y el enfado me dura solo un ratito, uno chiquitito.

Solo hasta darme cuenta de que no te quiero menos cuando también te echo de más.

martes, 12 de marzo de 2013

BATALLAS



BATALLAS - Ensayo -

Hay batallas en las que nada puedes hacer, salvo lucharlas. Poco importa si la ganas o si te devastan, ojalá comprendiéramos estas implicaciones el día en que decidimos emprenderla.

Nos pasamos la vida buscando la calma, la tranquilidad y la balsa de las emociones embotelladas, catalogadas y arbitrariamente valoradas por los comunes, vulgarmente conocidos como la mayoría. Pero, cuando las sensaciones tienen el aroma de las antiguas ambrosías y el color de una tímida flor descubierta en el fondo del mar, entonces… solo entonces, los grandes hombres y las grandes mujeres apuestan su sangre a lo desconocido. A las emociones encontradas y los sentimientos contradictorios.

En este encuentro violento, están los que observan, los que participan y los que se acobardan.

El que observa puede hacerlo impertérrito, helado o angustiado. Un poco más allá de estos,  el carroñero que se agita gustoso entre la gula y la adrenalina, alimentándose del horror de pulsantes heridas en el tapiz del encuentro.

En la arena, todos son culpables y casa uno carga una verdad contraria. Ninguna es mentira y no existe la acertada. En la arena, la razón, los motivos y las reglas son relativas… incluso irrelevantes, según el caso. Y cuando están, gritando para ser escuchadas sobre otras, acaban, como otras, bajo el granulado manto de la tierra.

Allá abajo.

Los luchadores rasgan su piel y exponen sus entrañas más allá del orgullo, el temor o la locura. Envalentonados e inocentes defienden banderas suspirando por la victoria; aprisionadora y asesina. Sin reconocer que en el camino, entre cuchilladas y golpes traperos, todo se pierde. Lo hace la razón, el temor, la verdad, los motivos, las reglas, la fe,  la dignidad, la sangre, las lágrimas y los segundos. El tiempo  ¡Ay ansiado tiempo!
–  la carencia y la variedad de sus usos -.

Y luego estamos los demás. Los que huimos. Y entre nosotros los que  habiendo luchado y sobrevivido se aventuran conscientes a sabios y certeros caminos, reales y seguros. Lejos de la batalla.

Aún más atrás, en el sendero interminable de la escapatoria, los que corren despavoridos con su botella repleta de control y conocimiento. Los que pudiendo ver, oler, escuchar o tocar, ni escogen esto y ni siquiera sienten. Porque “no mirar atrás” no es lo mismo que correr con los ojos cerrados, las orejas tapadas, un pellizco en la nariz y el corazón envasado al vacío. Y será porque correr es de valientes si sabes a dónde vas o tan solo… si corres hacia delante.

¿Y qué del que escapa gritando y corriendo en círculos agitando compulsivamente las manos sobre la cabeza? A este le ocurre lo que a las rubias tontas de las películas; que sus grandes pechos acaban bajo un camión o entre las fauces del lobo feroz.

Pero de todos estos, son solo algunos los que cuentan, los que se quedan:

-        El que se levanta de cada golpe
-        El que vive equivocándose
-        El que elige y decide no infligir el golpe mortal
-        El que no tiene miedo a abandonar cuando no hay motivo para seguir
-        El que eligiendo la lucha, lo hace con el hacha del que ignora. El control y la audacia de decir “basta”, aunque lo haga desde la colina.
-        El que observando, decide en su vida no  reproducir para sí mismo la tragedia.
-        El que huyendo, abre bien los ojos para vivir el camino escogido, que no olvidemos, es siempre el mejor porque es el único que tenemos.
-        El que observa  sabiendo ver,  escucha teniendo la capacidad de oir, olfatea teniendo
nariz y siente  sobre la arena o dejado de ella.

En la batalla de la vida, ellos son los que cuentan y por qué será… son estas historias las que preferimos
escuchar ¿Por qué será?


Puede sonar un poco pretencioso afirma que este es un ensayo pero sé que no es un relato. Si alguien puede, que me corrija.

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