miércoles, 26 de agosto de 2015

Diario de una loca orgullosa

Algunas personas no quieren ser oscuras. huyen de la oscuridad y de las complicaciones. Si alguna vez hablamos de las opciones, he aquí el mejor uso de ellas, al menos el que más conscientemente dirigimos a la propia protección.

Hay personas que repelen la violencia, la tensión y el estrés con evasivas más visibles que invisibles, por alto que sea el esfuerzo. Las admiro.

Desde mi visceralidad las aguas calmas son extrañas. Amenazadoras. Aún más allá, traicioneras y desprovistas de confianza. Si no existieran Maché o Belén acabaría escarbando en los supermercados en busca de un repelente de aguas mansas.

Y es que vivir con el corazón en la mano tiene sus riesgos. Estás predispuesto a las inclemencias del tiempo. Leí ayer sobre los perjuicios del orgullo y lo que vino a mi mente fue "retórica", argumentos que no vienen al caso. Pues el orgullo no es más que miedo a la decepción y a hacer visibles las debilidades. Pánico al "ya te lo dije". El RAE lo define como la arrogancia y el exceso de amor propio, es decir, miedo a dejar de ser lo que otros o tú esperas de tí mismo. Tropezamos de nuevo con las expectativas. Jodidas expectativas.

¿Y entonces? ¿Todo el que reconoce y valora sus virtudes peca de orgullo? Espera... espera... para eso el orgullo debería ser pecado ¿Lo es? ¿Para quién? ¿Para mí? ¿Para tí? ¿Para el Papa Francisco? ¿Para tu madre que se pasea orgullosa de su glorioso, lindo, guapo y elegante hijo cuando lleva corbata? Ella está orgullosa aunque  no la uses desde la comunión. ¿Es eso pecado? Lo dudo, sinceramente. Y llegados a este punto el Orgullo es la herramienta más ciega y eficiente para la supervivencia. Ciega ante los miedos, la vergüenza, el compromiso, la descalificación o el desprecio porque, amigo, el que no agacha la cabeza es porque cree que es así de alto. Poco le importa cómo lo mires tú.

El amor propio. ¿Qué sabemos de él? ¡Derribemos sus muros! ¡Abajo los prejuicios! Yo me quiero, yo me voto y yo me creo. Estoy orgullosa de mí y peco de orgullo si me vienes a decir que tu pie quedaría genial sobre mi cabeza. A la mismísima mierda. Mi pie está justo donde tiene que estar.

Un saludo.

Me gusta

Entrada destacada

Lo que acertó Julio Verne. Yo leo romántica.

   Anoche terminé de leer Cinco días para enamorase de Marta Lobo. Cinco mujeres con más ovarios que epiteliales. Y he pasado la noche ...