lunes, 16 de mayo de 2016

Te lo mereces todo, cariño.

Al habla el miembro hipócrita del grupo. El que olvida sus compromisos, la que obvia lo que otros quieren saben y recibe sin saber por qué. Ya sabéis que Tres días desnuda surgió como mi propósito por destaparme un poco frente a todos vosotros. Dejar de jugar con la retórico y suavizar vuestro camino hasta esta loca mente de escritora romanticona. También sabéis que soy de la opinión de que las personas llegan a nuestra vida con la misma incertidumbre y control con el que desaparecen. Mucho de lo primero y nada de lo segundo. Toda relación merece su pausa, su tempo y ritmo. 


El trece de mayo cumplí treinta y tres años y lo he hecho en uno de los mejores momentos de mi vida. Mis hijos, mi verdadera Cama de princesa, van a cumplir dos años. Mi pequeñín abridor de puertas, mi retoño crece fuerte dentro de mi, día a día y sin pausa. Mi encarnación más estática, mi novela, ya creció y se ha reproducido. Ediciones Coral la ha convertido en una corona digna para un millar de princesas que necesitan recordar lo esencial del amor, la naturalidad de la libre elección, la ausencia de necesidad y dependencia. Ser elegidas, adoradas y vividas. Mi marido ha perdido la lastra de su propia dependencia y es capaz de entregarse a su familia sin reparos. Creo que por primera vez nos sentimos acompañados, y esto es algo que merecemos celebrar. 

Gracias a los que acaban de llegar... ¡Bienvenidos! Elena, Dani y Marco. Mi agradecimento a quienes me han conocido de dentro hacia fuera, sin importar edad, lugar o distancia: Susana y Manolo (ese gran hombre detrás de una magnífica mujer), Maribel, tan lejos y tan cerca. Venus, puedo sentir tu abrazo solo con el deseo de hacerlo, nunca estás lejos.  Esperanza, que convirtió el 4 de mayo en fiesta nacional y el 13 en un día de excepción. Las cientos de personas que dedicaron sus minutos para felicitar a la mujer y a la autora. No me equivoqué cuando en los Agradecimientos de mi novela incluí a mi familia, por convertirme en quien soy hoy. Exactamente así, sin saltarme ningún tropiezo. Mari, siempre tan importante, a punto y perfecta. Mano a mano, empujando. Y gracias a mis Superkekas que pudiendo quedarse donde estaban, en la distancia, decidieron abrazarme y encogerme el corazón. Compartiendo con nosotros sus familias, su tiempo, sus preocupaciones, sus consejos y risas. Tempo al tempo, tiempo al tiempo, lugar a su lugar, lo bueno con lo bueno y lo mejor alrededor. Siempre. Belén, me faltaste, lo sabes. Te quiero pronto aquí.



Ay, Elena, gracias por ser la muletita que a Javi a y mí nos faltaba entre los dos. 

Don Javier... diez aviones podrían escribir en el cielo que merezco todo cuanto tengo pero solo lo he creído cuando me lo has dicho tú.  


China, sentirse una princesa es una cosa, pero verse así, con tus ojos, no tiene precio, Todas necesitamos algo así alguna vez, gracias por ser tú. Por dedicar tu tiempo para mi, es un gran honor. Mis lectoras, Estreyita, Fer, Natalie... mucho de todo esto es para vosotros. Y muchos más que estáis ahí a diario: con frases bonitas, ánimo constante, críticas constructivas. A todos, millones de gracias por formar parte de este momento tan dulce. Aquí queda escrito para poder recordarlo cuando las fuerzas flaqueen... cuando todo vuelva a ser color oscuro. En algún momento debemos digerir el pastel y se acabará lo dulce pero para entonces estaremos preparadas, como lo haría Eva. Como lo hago yo y como lo harás tú, estoy segura.  





GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO
Violeta Parra. Eterna. 


PD: Y todo esto después de parir una de las últimas escenas de TDD, ahora ya sé donde vamos a ir a parar Sara y yo. Esto tampoco tiene precio.


miércoles, 4 de mayo de 2016

Dilemas

Puff, ¿cómo empezar la entrada de hoy? Es francamente difícil. No tengo muy claro si quiero hablaros de Eva o de mi. He aquí el dilema del escritor, no sabe donde separar la realidad de su propia ficción literal. 

Eva está aquí. Vuelve a estar al aire libre como lo estuvo hasta julio de 2015. No muchos de vosotros entenderéis que para mí lo más difícil ha sido esconderla. Yo la cree para volar, con la poca modestia de sentir que podía ayudar allá donde la dejaran hablar. Sencillamente porque a mí me había hecho crecer. Eva, la eterna Eva. Una mujer que pese a todo se levanta, sonríe con más o menos entrega pero sobrevive. Tiene miedo, se cae, se arrepiente y se arriesga porque ya sabéis que, cuando las piernas están rotas poco importa si te pica un mosquito en la rodilla. Ay... la echo tanto de menos. Poder hablar en sus labios. Suspirar en sus momentos de intensidad. El arrojo en los arrebatos de valor. El calor en el deseo. Todo.

Por una cama de princesa me plantea una duda enorme antes de recibir ninguna crítica, valoración y opinión. La cerré pero es imposible dar una vida por vivida. Su historia no se queda ahí, en la eufórica felicidad del porvenir inundado de amor altruista. El amor se gasta, se arruga y se rompe.

Y aquí entra Sara, la protagonista de Tres días desnuda. Sara ha pasado de reir a carcajadas a encerrarse en un bungalow con un dolor de pies que mataría enanitos. ¿Por qué? Pues porque yo quiero que ella se enamore y yo no estoy por la labor, o quizás es al revés. 

Voy a ser mamá de nuevo. Sí, para ti que conoces cada paso y cada lágrima que he andado por estos lares debe ser una sorpresa. Para mi fue un shock. Pero aquí está el pequeño Javier, mi bebé de 22 semanas que habla con mamá a la perfección. La acaricia y la empuja según la circunstancia, se agita cuando escucha a papá y se encoge cuando regaño a sus hermanos. Valga decir que se pasa encogido media vida.

No paro de pensar en algo que me dijo un hombre mayor hace algunos meses: para tener algo que escribir hay que tener algo que contar. Y yo lo que tengo que contar es lo que pasa cuando el amor es apaleado por el estrés, el agotamiento y la frustración. Que sobrevive solo con reanimación caridiopulmonar de calidad, siendo padres semi-irresponsables que delegan (bien en abuelos o sistemas educativos reglados y no reglados), colocando lo individual a la misma altura de la familia. Porque es muy bonita la independencia, pero cuando ese tiempo se reduce a veinte minutos diarios los tomas sin pensar y no te das cuenta de que has quitado a la pareja diecinueve. Sin tiempo no hay caricias, ni miradas, ni conversación o discusión de calidad. Todo hay que decirlo. 

Así que dicho todos esto, me voy a dormir sin saber qué voy a escribir. Qué quiero hacer o con quién. Y es que, hago lo que puedo, como todas! Buenas noches, princesas. 



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