viernes, 15 de julio de 2016

Lo que acertó Julio Verne. Yo leo romántica.



   Anoche terminé de leer Cinco días para enamorase de Marta Lobo. Cinco mujeres con más ovarios que epiteliales. Y he pasado la noche pensando en algo que ahora voy a desarrollar.

    Hablo hoy como lectora aleccionada. Sip. He consumido literatura extranjera manipulada por traducciones más o menos acertadas durante años, para acabar descubriendo que la cartera hispana, en especial la española, posee una calidad indudable. 

    Kayla Leiz (Pasión a través del hilo rojo del destino), Beatriz Grant (Ojalá no fueras tú), Mita Marco (Reina de corazones), Idoia Saralegui (La proposición de Carola), Marina Tirado (Elementales y Cambiantes), Myriam Ojeda (Si tan solo fuera sexo) o KircheKirchen (solo publica en wattpad), Brianne Miller (Ángel... Empieza del juego), Maribel Roa (Sueños), Megan Maxwell (incontables), son algunas de las mujeres que me han llevado a pensar en el hombre que da título a esta entrada: Julio Verne. ¿Por qué ellas? Porque son mis últimas lecturas. ¿Por qué él? Porque la imaginación de ese hombre, guiado por la lógica, la ciencia y la cultura lo llevaron a idear posibilidades que han acabado por cambiar el mundo. Y, señoras, la literatura romántica tal y como  hoy la conocemos hace temblar nuestra base social, acabará colocando a la mujer en su lugar. No ese donde todas sabemos que estamos, sino el Podium original. El de mujeres que solo con respirar demuestran seguridad, ambición, emoción y destilan sentimientos sin igualarse a la debilidad. Sin castración sexual, sin limites profesionales. Deseo que llegue el día en que una mujer no tenga que decidir entre demostrar al mundo su verdadero valor como ser útil e imprescindible en su entorno laboral o ser madre, nada más. 


   Yo quiero ser Marina, Luz, Alicia o Rocio. Quiero ser Olympia, Clara, Sarah, Aroa, Leilany, Gina, Jacqueline o Laura. Quiero ser Eva, Daniela o Sara y más que nada quiero que mi hija viva la vida así. Con valor, sin prejuicios, desbordada de pasión y emociones, con una intensidad incuantificable. Creo que la literatura romántica y creo en su capacidad para influenciar y educar generaciones. ¿Por qué? Porque si a mi una lectura me hace crecer como mujer mi hija va a recibir el doble por mi parte, porque será lo que vea. Nuestras hijas serán lo que seamos nosotras multiplicado por diez. Creo que, si una novela de erótica puede mejorar una relación de pareja, una protagonista de bandera hará a la esposa crear su propia erótica. A fin de cuentas en eso consiste la vida, la pareja. En crear situaciones que generan emociones. En disfrutar de encuentros, aprender de tropiezos hasta que levantarse sea un deporte olímpico. 


    Creo que si hay un arma capaz de destrozar el mundo es la religión mal interpretada, siempre se ha dicho que las armas las carga el diablo y las dispara un gilipollas. Solo los valores nos pueden rescatar de holocausto que construye a diario el ser humano. La empatía, el valor, la honestidad, la equidad, la colaboración... nunca avisé de tener la respuesta para nada. Nada puedo solucionar más allá de mi propia piel. Por eso escribo romántica, porque el ser humano es amor, esencia y alma por encima de todo lo demás. Porque por amor se deja todo y se agarra el mundo. Por amor una mujer soporta los dolores del parto y repite. Por amor es el diálogo del hogar y enseña a su compañero a dialogar. Por amor aprende a establecer una lista de prioridades donde ella nunca ocupa la cumbre. Por amor escribimos historias para disfrutar de esa emoción cuando nos falta. Por amor los hombres son cada vez más respetuosos con la mujer de bandera. La que hace la diferencia delante de sus ojos en el instante exacto y los ciega para siempre. Por amor... por amor hacemos tantas cosas... tantas... Por amor nos enamoramos en cinco días, tres años, en viajes en el tiempo, en redes sociales, en supermercados, oficinas... 


    Yo leo y escribo romántica. Yo creo que desde un libro rosa también se puede cambiar el mundo. Así que, cuantos más libros rosas cubran el mundo, mejor será nuestro futuro. 


Por la romántica y la mujer de bandera.





viernes, 8 de julio de 2016

Embarazada, orgullosa y preparada

Estoy embarazada. Bastante, así como de treinta y dos semanas. Tenía un montón de cosas que decir y ahora mismo mi mente se ha apagado. Si sigo a mi instinto seguiré escribiendo y escucharé a mi conciencia, o a mi alma, a mi psique inquieta o a Pepito grillo. 

Estoy cansada, me duelen partes del cuerpo destinadas al placer. Cualquier actividad de ocio se suma a la lista de tareas de "dura ejecución". Todo, absolutamente todo, me causa dolor en los talones y me agrava los dolores del nervio ciático. Agacharme es una labor titánica y no solo por el esfuerzo sino porque a veces parece que en el conflicto el cielo y el suelo chocarán y el Martillo de Thor reducirá los juguetes de mis hijos a cenizas. Más polvo. También es titánica porque es como si te pegas con cinta americana una pelota inflable de Frigo a la panza, dándole varias vueltas a la cinta para que tire la piel y escueza. Luego prueba a agacharte a abrocharte la sandalia y te aseguro que prefieres quedarte en casa en chanclas. 

Hace calor y lo peor es que quiero hacer un montón de cosas que no puedo. Eso es lo peor. Quiero moverme con gracia y soltura por mi casa para tenerla lista cada mañana cuando mis enanos ponen sus piececitos en el suelo. Quiero tenerlos en brazos todo el tiempo que me de la gana sin que me aprieten las ganas de hacer pis cada vez que los subo a la cama, a la trona, al sofá o a la silleta del coche. Pero no puede ser... porque ahora somos más. 



Somos más hablando con mamá cada segundo del día. En casa ya no hay cuatro opiniones, hay cinco. No hay dos bebés aprendiendo de los regaños de mamá y papá, son tres. Javi está muy vivo, vive conmigo. Convive con nosotros. Es mi reloj. Me avisa cuando se acerca la hora de comer, o cuando es la hora de que papá vuelva a casa. Se retuerce cuando los calambres de mi pierna comienzan para recordarme que no los haga empeorar. Me alerta cada noche cuando mi postura para dormir no es la adecuada para él, me enseña que si un bebé de 32 semanas de gestación puede y sabe reclamar su lugar en el mundo su madre NO DEBE SER MENOS. 

Estoy aquí escribiendo las normas de mi casa, de mi vida. Escribiendo nuevas costumbres, construyendo recuerdos para compartir. Labrándome un futuro profesional, personal y algo más. Javier ha venido a nuestras vidas para recordarnos que los sacrificios no son en vano, que se puede dar el corazón sin perderlo en el intento. Se fue para esperar a sus hermanos, no quería ser el hermano mayor y siendo como era solo una ilusión, consiguió su cometido. No hay que nacer para tener sueños, solo hay que ser. ¿Te das cuenta? Una persona no es solo carne, es amor, deseo, labor, empeño, ilusión, esperanza... es un lugar, un hueco en el corazón de alguien. Una persona puede ser solo un recuerdo en el corazón de otra y así estar VIVA eternamente. 

No hay que ser maestro para enseñar, a veces la cuestión más importante es ser alumno para que el proceso de enseñanz-aprendizaje no cese. No es más sabio el adulto ni más ingenuo el niño, no siempre es así. Solo hay que sentir y sentir tanto que dejen de doler los sentimientos de tanto usarlos. Respirar ya no duele, caminar solo cansa. Vivir... cada uno sabe lo que es vivir. 

Y aquí me quedo hoy. Con mi confesión más real. Voy a ser madre de nuevo y lo hago reconociendo que vuelvo a ser alumna de mis hijos porque su manera de ver el mundo es la más saludable de todas. La de los sentidos. Estoy muy orgullosa de mí, orgullosa de ellos y orgullosa de mi familia. De saberla conducir y disfrutar. De no parar de luchar. Orgullosa de ser madre, mujer, profesional y autora. Orgullosa. Y como leí hace unos días: Mi útero es mío. Tres hijos es una número hermoso, una familia maravillosa y no tengo miedo por su futuro porque sé que no será mejor por ser menos para cenar en Navidad. 

Atentamente, un abrazo de esta humilde mujer (también).



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