domingo, 27 de noviembre de 2016

27 de noviembre

    
     Hoy hace tres años que mi padre murió. A los 81 y con una salud quebrada era de esperar y aún así me tomó por sorpresa. Son esos instantes que llegan, golpean, trascurren y terminan.

     -Papá ha tenido una parada pero se ha recuperado. Ven. 

Pero se volvió a ir y lo encontré dormido. Pensé que se sentiría bien porque no dependía de una máquina para descansar, llevaba tanto tiempo enfermo que sabía vivir así. Todos sabíamos vivir con su enfermedad, ninguno con su muerte.

     Hoy no lloro más de lo que lo hice mil días atrás. Sin embargo siento más rabia, mucha más. Tengo la sensación de haber aprendido más sobre él estos tres años que mientras estuvo vivo. Imposible, lo sé. Pero sentir es tan libre. Tan indomable. Y reitero, me refiero a conocerle, a entender su motivación para ser quien era, para vernos de esa forma tan peculiar que nunca era suficiente. Para él siempre podíamos ser mejores y la presión funcionó, somos mejores. Una versión mejorada de lo que habríamos sido sin él. Sin sus retahílas, sus historias narradas una y otra vez, sus rostros de disgusto y desilusión, su frustración, su sonrisa cada vez que te ganaba a la brisca, su mandíbula masticando a escondidas... 
Esto me faltó, papá.

     Tengo grabado a fuego el temblor de sus manos curvadas por la vejez. Su cuerpo demasiado maduro para su edad, siempre con su pelo gris en mi recuerdo. ¡Qué mal nos llevábamos! ¡Cuánto nos rabiamos! ¡Cuanto lamento no haberle mirado con los ojos del conocimiento! Odio recordar que solo le vi con ojos de hija, si le hubiera vuelto a ver tras ser madre le habría demostrado que le quería. "Eres pegamento, papá, lo sigues siendo. Desde donde estés has conseguido que todos pensemos juntos en algún momento del día. Unidos en recuerdos y en coraje, porque ahora te vemos mejor que antes".

     He pensado que mi padre había pasado por mi vida de puntillas, en silencio y sin peso. Ahora sé que era a quien más tenía pero de su peculiar forma. Había aprendido a quejarse y sufrir para mantenernos a su alrededor y no le importó entregarse a una vida de dolor para tenernos cerca. Jamás pude adivinar que sería aquel día, estaba mejor. Sin embargo debí imaginarlo. Cuando alquilen como él saca valor para decir a su hija pequeña que debe dejarlo ir y seguir su vida... debería haberlo imaginado. Vernos a todos decididos a ser felices fue tu fecha límite. Cada uno en su lugar, yo por fin embarazada de mis mellizos y con fecha de boda para poder bailar con él. No recuerdo haber bailado nunca juntos, pero seguro que lo hicimos. Seguro. Ahora lo sé. Debí compartir ese momento alguna vez y aunque yo no lo recuerde, él sí. Por eso no le importó marcharse antes de mi vals. 

     Estamos sin ti pero lo intentamos. Solo somos cuatro y hacemos lo posible para no restarnos, seguir unidos. Vernos a ratos, querernos siempre. Ya no peleamos, solo nos queremos. Hemos aprendido a decirnos cosas amables. ¿Por qué no lo hacíamos antes? Cada vez que veo el valor de Sheyla siento que debe estar orgulloso de ella aunque no sabría demostrarlo. Lo haría mal, porque eso lo hacía fatal. Aún así nos fue bien.

   Y no me despido hoy más de él de lo que pude hacerlo ayer. Porque está más cerca que estando vivo.

 "Antes eras mi padre y ahora formas parte de mí. Te quiero como siempre pero mucho más alto"


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