lunes, 21 de octubre de 2013

Sin letras

Por alguna extraña razón no tengo ganas de escribir. Ni espíritu ni habilidades de concentración. No me divierte, no me llama. No me apetece. Es extraño. Tanto como si de pronto dejara de dormir o de comer, durante un tiempo ha significado tanto, tanto.

Ahora estoy huérfana de mi misma, un poco más sola o más obtusa. Aún no lo sé. He intentado continuar historias antiguas, corregir otras, relatos cortos de terror, humor, ni siquiera los ensayos me consuelan. Mis dedos están en huelga y mi mente en un estado de aturdimiento crónico. Así que no me queda otra que retornar al diario más sencillo. A este.

A mi rincón para penar y festejar cuando pareciera que nada hay que contar. Y sin embargo, no estoy mal. No peno por las esquinas es solo que no me encuentro capacitada para evadirme en mis mundos imaginarios. Qué incredulidad pensar que eran mi escondite, pues se trata sin embargo de un producto mucho más elaborado y complejo, la calma de saber dónde estas y quién eres. Y cuando hay dudas, no hay estrato imaginario que valga para recrearse en el placer de idear y decorar escenas irreales.  Cuando no sabes el color de la baldosa en la que descansan tus pies ¿puedes describir la imaginaria en su lugar? Yo no puedo.

Así que aquí estoy, gastando páginas para referir que no si bien tengo ideas en mi mente, carezco de la capacidad de traducción en estos momentos. La incertidumbre trae miedos que tambalean las verdades que más huelen a carne y piel, las más reales.

Una nueva espera por una nueva esperanza. Todos los refuerzos empujando a la paciencia de esperar para ver si lo que queda por venir será motivo de felicidad o luto por lo que se no se puede lutar. Me cansé de gritar mi fe en las personas y ahora rezo a la vida por una casualidad que llamo justa, que me deje al fruto de mi vientre por fin. Y a poder ser que le permita disfrutar del beso áspero de su abuelo. Que si él no porque es pequeño, que lo recuerde yo, que prometo relatarle cómo fue y gracias a quién fue que mi hijo consiguió aferrarse a la vida de una vez por todas.

Que escuece vida, pero no niego tu equilibrio en este aspecto. Que han de irse unos a disfrutar de un merecido descanso para que otros lleguen a dibujar travesuras y llenar corazones. Cansada estoy de lo que quieren hacer de mi dicha un borrón por no pensar en lo que pudo que pudiera resultar quizás ser. Que yo quiero ahora aunque te pese, que no pude antes y lo hago ahora. Que a lo mejor no se cumplen todos mis sueños pero puede que alguno si que llegue, así que dejadme que formule tantos como pueda abarcar. Que quiero celebrar mi boda con mi hijo y con mi padre. Que si non está mi hijo estará mi padre y que si mi padre descansa antes de ese día que me quede mi hijo. Y que si ninguno de ellos está conmigo en ese día que mi esposo me ame a pesar de todo, al menos tanto como yo lo quiero al él. Que se quede a mi lado para seguir luchando y me obligue a levantarme cada mañana para poder disfrutar de su compañía. Que lo mejor, Amor, es vernos todos ese día contigo en la panza y el abuelo en el sillón. Tu padre nervioso y yo llorona mientras la gente que nos quiere, la de verdad, nos acompañan. Me repito sí, será porque lo necesito.

...Por una abrazo tuyo.

viernes, 18 de octubre de 2013

Tragar

Bueno pues, tras la precipitación de acontecimientos que digerir mis energías navegan a buen puerto. Espero poder tragar lo que queda a un ritmo emocionalmente aceptable y estar al pie del cañón en breve.



Como puedo decir lo que quiera, digo esto. No me juzgues, alegrate porque vuelvo a sonreir intermitentemente. ^__^

Por cierto, preciosa esta foto y compleja desde la simplicidad, como la vida misma. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Y qué si la vida nos da regalos?


  
Hoy me hicieron un regalo con el corazón. La vida lo hace, Amor. Nos da regalos que jamás seríamos capaces de agradecer. Tú mismo eres una promesa. Pero a veces, en lo mejor de la fiesta da un golpe sobre la mesa y destroza todo a su paso. No confíes en ella, solo mécete en el viento que te deje sentir.

Sí, bebé. Aún se ha hacen algunos de esos. En realidad te aseguro que muchos de los que recibas se enviaran directamente de ese rosado lugar. Me han brindado un lienzo con cariño y manos infantiles, es fruto del esfuerzo que se hace cuando no quedan fuerzas. De lo que se da sin esperar una palmada. De todo aquello que se hace sin pensar en el fastidioso éxito.

Cuando el ser humano deja de ser niño, la crudeza de la vida oscurece el verde de la primavera y apaga el sol. es un proceso natural e irrevocable en el que se desvanece la inocencia, y lo llaman "crecer". Un término demasiado vulgar para mi parecer. Evolucionar, sobrevivir son otras opciones no más acertadas. Comenzar a morir se acerca más. ¿Y qué importa? Nada es relevante, Amor.

¿Recuerdas cuándo hablábamos del éxito? te decía que la conciencia en calma es una situación ideal para las personas. Pero la limpia intención es la que de verdad colorea el mundo, dicho así parece mucho más bonito. Lo dejaré rosa por ti.

Creo en la casualidad, lo hago. y creo en el por qué de cada dolor. También se que la fe es una técnica más de supervivencia para el ser humano, no menos valiosa que la de las hormigas de fuego que se abrazan unas a otras durante las grandes inundaciones para mantenerse vivas y flotando durante semanas. La fe es un instrumento que nos permite dialogar con la vida y culpar  o bendecir al causante de nuestras dichas y desdichas. No confundas Amor, que no hablo de Dios, ni de religión. Yo solo sé de fe, de creer a ciegas en algo que no ves:

- en la bondad
- en la capacidad de lucha
- en la supervivencia
- en los sueños
- en el amor …

… y no digo que existan, Amor. Todo esto pueden ser solo excusas para no dejarme caer. Como las de la abuela, la del abuelo o las del vecino del quinto.

Pero atento que no todo lo que te regalan puede ser envuelto. Que  hace dos meses la vida me trajo una amiga y ayer mismo recibí una prima por correo. Si, cielo, una prima es un miembro de tu familia con el que no compartes sangre alguna pero a la que quieres tener cerca obligatoriamente. Es lo más parecido a una amiga a través del tiempo, pasen o no millares de horas el último abrazo está fresco como el primer día. No te prometo un abuelo, Amor, pero sí docenas de corazones que compartir. Serás un alma armada con la conciliación: unirás lo que se ha roto y enlazarás lo que jamás ha estado acompañado. No me preguntes por qué, solo lo sé. Aprenderás a ser fuerte y aguerrida como tita Venus, o quizás, el suelo vibrará a tu paso por tu determinación como tu padre. 

Aquí te dejo otra carta, cargada de esperanza y de futuro porque por primera vez, te veo. 




viernes, 27 de septiembre de 2013

En mis propios zapatos

Este es el rincón de las voces. Allá donde las verdades corren a esconderse para acabar pegadas como los ratones en la miel. No hay remedio ni antídoto, tan solo alguna hierba dormidera que entorpece los sentidos imponiendo un ritmo pausado, pero engañado.

Qué más da cuánto tiempo tardo en gritar al cielo ¿Acaso importa por y para qué gritamos? No lo pienses y solo hazlo, grita, sin miedo, sin aguante y sin cuerda.

AAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGGGGG
Otra vez, grita
AARRGGGG
¡Vamos!
AAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGGGGGGGG

Ahora sí, sácate eso que atrancó tu garganta. Mándalo a la mierda, al carajo o al pulgatorio, al maldito lugar donde te apetezca. Juega a que eres capaz de cerrar el cerco y dejar los borrones fuera. Los errores sí, esos estorbos estarán siempre alrededor decorando con pintas negras el blanco tul, parasitando el tejido. Parasitando. Parasitando.

Que respeto y ansío el ciclo de la vida. Que soy egoísta e impaciente. Que quiero mis benditos zapatos para recorrer el resto del camino.

No soporto la culpa, en verdad. Tengo la prisa justa por detenerme a relatar mi cargo. Que odio la idea de que mi padre desaparezca y vivir un luto que jamás la vida me presentó. Pero ruego al que reparte estos asquerosos papeles que los deje compartir mi vida los instantes justos para nutrir mis recuerdos de por vida. Déjalos conocerse vida, déjemelos a los dos en una bella imagen. Únelos y devuélveme la paciencia que te he tenido. Déjame convencerme de que levantarse una y otra vez  no es inútil. Te lo imploro vida.

Que respeto y ansío el ciclo de la vida. Que soy egoísta e impaciente. Que quiero mis benditos zapatos para recorrer el resto del camino.

 



¿Es pronto para pedirte? Ni mucho menos. Los días se me han escapado embotados y nublosos, con una maraña en la frente. Un aglomerado de ideas desordenadas que se esfuerzan, como no, en estructurarse con condura. Ilusas. Que no hay orden para el corazón y la razón es un amigo al que no ves, al otro lado de whatsapp.

Y es que los miedos a la inversa también funcionan (o eso quiero pensar). Que he pasado dos décadas temiendo los golpes justo después de la risa y justo ahora que veo el dolor acercarse veo también a la alegría dibujarse literal, real, con carne y olor. No es un pronóstico ¿o sí?.

Que no hay nada que me haga dudar de amar sin cordura, de entregar si extender la otra mano, de donar mis días a semanas de abrazos. Que no hay mayor fruto del amor que la preocupación conjunta, la compartida. La misma vida como regalo y verdugo. Qué cabrona eres, vida.  Con cariño te lo digo.

Que me caso papá, aunque no puedas prometerme que estarás ahí para verme. Que respeto y ansío el ciclo de la vida. Que soy egoísta e impaciente. Que quiero mis benditos zapatos para recorrer el resto del camino. Permíteme, vida, que seis sean nuestros pies. Regálame a mi bebé de un vez y déjale conocer a su abuelo. Antes de que sea demasiado tarde.


Yo solo quiero mis propios zapatos.



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Presente

Aunque pueda parecer lo contrario no me olvido de vosotros. En absoluto.

A veces la vida no nos trae lo que esperamos y necesitamos un tiempo para encajar los nuevos cambios. En esta batalla me encuentro y mientras tanto, mi mente se niega a regalarme nada. Supongo que las buenas ideas necesitan madurarse y las mías aún están tiernas como magdalenas recién hechas.

Sé que nunca he sido constante pero por alguna extraña razón,  me ha parecido necesario venir a dar una explicación. Quizás mi subconsciente me grita un camino pero mi consciente lo borra inmediatamente.

Quizás hay ocasiones en las que no queremos hablar por miedo a lo que necesitamos decir. Nunca he conseguido esconder a mis dedos el más enano de los embustes. Ilusa sería si confiara ahora en lo contrario. Solo dos ideas:

"Una vez quise ser alguien, y acabé siendo yo mismo" ¿quién no conoce esta canción?, y la siguiente,

"Cobardes los que solo inician batallas que saben que va ganar de antemano" y esto no sé de quién es. 


Con miedo de celebrar. Literalmente.


Nos vemos pronto ^__^




sábado, 24 de agosto de 2013

NOSTALGIA


Llovía demasiado para que me quedara cordura. La nariz hinchada y no sabía si a causa del llanto o del frío. Los ojos… los ojos bullen como si cientos de insectos hurgaran en ellos. Pero poco importaba todo. Poco.

Valentina Serrano Carrión, veintiún años cumplidos, natural de Extremadura y perdida en un pueblo jiennense del que dicen que es el real, el único: Alcalá la Real. En mis brazos mi hija Aurora, poca bendición le fue dada por su nombre pues desde que nació no ha visto más que teta, luto, nublos y narices heladas. Angelito mío. 

Ando mendigando a las espaldas de la Iglesia grande, Santa María la Mayor la llaman y algo más de las Mercedes. A fin de cuentas y en cuanto a mi me atañe no hay ricachón que valga a estas horas y por estos lares. Pero mejor aquí y al sol que bajo techo y sin lumbre alguna. A la espera el pobre ni desespera y aquí me hallo.

Hablan que esta ciudad es de bandera, bueno más bien de puertas según entendí. Un lugar de comercios fue lo que charló el cura del Alcaudete así que hasta aquí mendigué mis plegarias pensando, no sé si en error, que donde vive el que vende es porque hay quien le compra. Más si el pobre comprar no puede será el afortunado es que gaste su parné en los cuchitriles que vendan las gracias de otras manufacturas. Ya antes de venir al sur probé donde esas se encarcelan en barrios que se tiñen de hollín, y puedo decir que el trabajo y el dinero no siempre van de la mano. ¡Qué me lo digan a mí! De costurera a concubina (que puta no quiero ser) llevada de la mano del corazón ¿Y qué si hubiera sido cosa de la ambición? ¿Habría acabado siendo comerciante? Eso no hay quien se lo crea. ¡Pero qué frío que hace en esta tierra!

El aire pincha tanto que casi he pensado en ir oliendo escapes en los camiones que al menos esos gases vienen calientes. Lo cierto es que hay muchos en esta zona, al menos los dedos de la mano he conseguido contar que no sé más. Aquí los medio señoritos llevan sombreros de ala corta y chaquetones de mezclilla, caminan por el lado del sol. Los trabajadores resbalan en los charcos helados en manga de camisa y remangados por el esfuerzo al descargar los camiones. Como en cualquier otro lugar en estas fechas. Tendría que haberme esperado a nacer el siglo que viene que igual a todos los llegaba la inmundicia y las clases no eran tan disparatadas. 

Hay un par de mozos que no paran de mirarme y es por eso por lo que no he sacado la teta a mi nena todavía; pobre, si hubiera podido escoger la habría hecho varón que lloran mucho menos y comen mejor. Para evitar problemas – que sacar la teta junto a la iglesia puede ser pecado — me levanté y llevé mis pies hasta la puerta de la Sacristía.



La Iglesia era grande con un pórtico de esos que acaban en un medio círculo y goznes dorados sobre la madera oscurecida por el aceite. Varias figuras de vírgenes y sus locos vasallos los santos la escoltaban entre cacas de paloma – hay que ver como esos bichos llegan a todos sitios — y vigilan un par de niñas que hablan distraídas al sol jugando a ser mozuelas. Que cercanos guardo esos días. A la izquierda de la plaza de tierra frente al monumento se levantaba un cuadrito en madera maltratada por el tiempo, esa debía de ser la sacristía. El llamador estaba bien pulido y juraba haber sido usado por muchas manos, dentro debía de haber un buen alma al cuidado de los más perdidos. Como yo.

— Buenos días ¿Querrá en nombre de Dios darme cobijo para alimentar a mi hija? — imploré con esa cara tan practicada que me había salvado del hambre más exagerada.
— Por aquí joven — me guió.
La beata no podía ser más vieja, casi se desmoronaba en sus zancadas por aquel largo y oscuro pasillo. Siempre había odiado el olor de las Iglesias, rancias, frías y con un toque a abeja quemada y óleos que me revolvía las tripas. A pesar de ello el papá de Aurora era un creyente muy practicante, del amor digo porque de penitencia no tenía idea. Ni un poquito. El cabestro del demonio lo tenga en su gloria.
— ¿De dónde viene joven? No recuerdo haberla visto antes por aquí — fíate Valentina que estas mujeres tienen lo único bendito en este edificio, memoria de los pecados de otros. 
— Vengo de Galicia Señora — fui colocando a Aurora en su lugar favorito — estuvo a punto de tomar un tren que acabó descarrilando entre Zamora y Sanabria. Lo adiviné como una señal del Santísimo y tomé otro rumbo. La familia de mi madre es de Jaén así que para acá pegué. Todo eso era verdad, casi.
— ¿Y el padre de su criatura joven? ¿No me diga que viajaba en el tren y las dejó solas? A veces el Señor pone caminos empinados pero es nuestro deber superar la adversidad y ver por los demás y el bien de todos — mira que había conocido beatas, pues esta era la más loca de todas.
— Señora no… — la quise interrumpir.
— Espera aquí con tu hija linda que yo voy a prepararte algo para que tus carrillos recuperen su lustre, estás muy pálida chiquilla.

Con este fugaz instante mi vida se arraigó en este pequeño pueblo. Un fugaz segundo que coincidió con el calambre en mi pecho que protestaba por la fuerza con la que Aurora chupaba en busca de sustento. Mi hija me gritaba sobre su hambre, mi jugo ya no era suficiente. E interpreté que era ese el lenguaje secreto entre los corazones que se adoran. 

Pensé que quizás mi hija me imploró silencio de esa forma. 

Pensé que sería mejor explicar a la beata que mi amante fue un déspota desarmado y sin corazón que me obligó a encamarme por alimento. 

Pensé que podría hacerlo después, que con la barriga llena siempre me he explicado mejor. 

Pensé, pensé y pensé…. 

Tanto, tanto, tanto tiempo pensé que mi hija acabó criándose en la Sacristía de aquella Iglesia acogida bajo el manto de la vieja Rufina “La Solterona”. Aquella mujer consiguió tener sus huesos unidos un siglo y siete meses, casi nada.

— ¿Cuál es tu nombre joven?
— Azucena me llamó mi madre Señora.
— Lucía te llamarás en adelante. Hija de Dolores Ruiz , mi cuñá y Rafael Jiménez, mi hermano. Ambos naturales de aquí que viajaron a buscar fortuna al norte. Su suerte la has pagado tú cobrando en la vida de tu esposo la buena estrella que tendrá tu hija. Te acogeré como a la sobrina que nunca tuve y me atenderás en mi vejez. A mí y a mi Iglesia. Tú hija crecerá fuerte con la leche de la burra de Don Javier y las cabras de la Jacinta.

Con la propuesta de la anciana hasta Aurora dejó caer su mandíbula y soltó la teta empujándola con la lengua. Su sonrisa más que linda era relinda. Mi hija quería aplacar sus ansias y mis faltas no estaría de más que fueran raspadas. La mujer esperaba una respuesta mientras servía el caldo en un tazón de cerámica roja.

— ¿A quién tenemos de visita Rufina? — otro anciano un poco menos estropeado entró en la cocina con los atavíos propios de la iglesia, la educación de un noble y la finura de alguien que se ha criado pasando Despeñaperros.
— Lucía Jiménez para servirlo. Sobrina de la Rufina, he venido a pedirle techo a ella, para mí y para mi retoño — no dije más mentiras. Agaché la cabeza ofreciendo el respeto que no sentía y me gané el pan como tantos otros. Como podía.


Solo me conté dos embustes y en adelante la Rufina se encargo de cometer los pecados que ya tenía más que pagados con su vida dedicada al cura y la Virgen. Y tal como aventuró la beata se cuajó la historia. Entre tanto rezo la señora tenía sus contactos y sus ahorros y consiguió papeles para mí y mi Aurora. Sagrada limosna la de aquella Sacristía que por no darme un real me dio toda una vida. 

En aquella tierra morí al abrazo de Antonio el carnicero del que me enamoré como una loca y con el que contraje nupcias antes de irse al cielo la Rufina. Era igual que mi papá Ramón así que le procuré a niña un padre digno de su suerte. En aquella tierra creció mi Aurora lozana, sana y bien despabilada. La dejé matrimoniada con un médico nada más y nada menos, en sus rizos cuidados no podía menos que recordarme a mí; de medio puta a beata por un calambre en una teta. Jamás expliqué esto a Rufina. Antonio me amó más después de saberlo, curiosos criterios los del corazón. 

Pero sinceramente, mirando atrás no creo haber dejado al azar aquel instante sino a las intenciones o las viejas que escriben el destino. A pesar de dedicar mi vida a cuidar de los santos y aquel enorme altar, de ver a las novias llorar frente a la virgen y llenarse el edificio de pobres con sus mejores galas en agosto… a pesar de todo no puedo decir que crea en Dios. Creo en las personas, en los planes que son trazados para el bien, las buenas intenciones, los sentimientos, los sueños y la fuerza de voluntad que te da la fe. Ponle el nombre que quieras a quien le encomiendes tus venturas. Pero no te olvides nunca de rodearte de las personas que te puedan ayudar a vivir esas pesquisas porque son ellas las que nos muestran el final el camino. Son las personas las que nos dan un hogar y una oportunidad. 

No fue Dios quien me mandó callar aquella tarde, fue Rufina la que no dejó hablar.





Acabada la historia me veo obligada a aclarar algo. Es un pequeño homenaje a mi tierra pero los personajes son totalmente ficticios. Ni los nombres ni la caracterización se corresponden con persona alguna ni guardan relación de semejanza. Excepto mi Ramón, mi Ramón está conmigo y estará siempre  ^__^



viernes, 23 de agosto de 2013

Puedo decir lo que quiera

La naturaleza guarda humanidad en los rincones más insospechados. Historia de una familia feliz. Sí puedo decirlo.

"Pajarito papá y pajarito mamá llevaban semanas esperando a sus retoños. Pajarita mamá había cogido peso durante la incubación por los continuos pastelitos y mimaditas varias de papá pajarito"  

Soy una mamá frustrada que cuida pájaros con biberón.  Y aún cuando creo que tengo algo que opinar con respecto a la supervivencia de otra persona llega la humanidad y me aparta a un lado. No me importa como la llames tú, ni si estás o no de acuerdo. Dos jilgueros que se escogen porque su biología y la química intuye que podrán dar lugar a fuertes ejemplares; porque claro los pájaros no se enamoran.


Pierden un polluelo del nido y lo encuentran 36 horas después al primer graznido. Amigos esto es devoción. Han pasado por encima de sus miedos, a través de los chillidos a golpe de loro. Han merodeado minutos antes de decidirse a acercarse. Mientras mi pequeño espeluznaillo se desgañita piando por atención y comida a su diminuto buche. Un día me duró la emoción y el enamoramiento de la naturaleza pues a la mañana siguiente el ser humano me mostró de nuevo una de sus cara más desalmadas (en razón a lo inhumano porque ni los animales hacen esto). Letty apareció en mi puerta.





Asustada por los golpes y los gritos de las personas se acurrucó al ladrido de mis perros y pensó correr cuando yo salí. Severamente deshidratada y desnutrida sus ojos, directamente en los míos, suspiraban por compasión y brillaban aún por esperanza. Los animales buscan a sus crías durante días mientras los individuos apalean y abandonan perritos hambrientos. 


Hoy es otra. Corre feliz con la barriga llena y no piensa más que en travesuras y en conseguir caricias de cualquier mano. Ahora me toca a mí darle esperanza y conseguirle un hogar. Veremos a ver cómo se nos da. La naturaleza es despiadada, lo sé. La supervivencia es una vara fría que castiga los fracasos pero el cariño puede rellenar muchos corazones y hacerme creer en las personas un poquito más. Sé que para eso ha aparecido Letty en mi puerta, para hacerme sentir diferente  porque tendré mis defectos, docenas, pero la falta de humanidad no es uno de ellos. Comparto mi casa y mi vida con los que me eligen y me quieren, con los que se quedan.


Si alguien abandonó a Letty en mi puerta para que la acogiera que tenga por seguro que auguro para ella una vida feliz. Si llegó por casualidad dejaré que me mime la vida un poco más. Un abrazo. Nos leemos.

sábado, 10 de agosto de 2013

Alegato por la Felicidad


¿La locura  un estado de felicidad transitoria? O… ¿La locura transitoria un instante feliz?

Cientos de teorías hemos leído al respecto. Más o menos aceptadas. Tejidas o no con nuestras propias necesidades se ajustan a la necesidad personal. O no. Por eso yo formularé mi propia teoría. No juego a la filósofa, ni a la psicóloga, ni a narradora ni poeta. Tan solo intento ser persona.

La vida entera, de cabo a rabo está compuesta de opciones. A veces trasparentes, varias en blanco y negro y en alguna que otra ocasión en baldosas amarillas. Cada cual con su cuento y su locura. Cada uno con su alternativa adaptación de la imagen frente a sí. Y ahora que lo pienso, es imposible contar las veces que he desvariado ya al respecto.

La eterna complicación de las opciones y la presión constante del error en cada decisión. El golpe en cada camino que duele antes de tropezar. 

Esta tarde he leído algo que se me ha quedado rondando. La autora Esther Ruiz Saldaña hablaba de La bodega de las Ofensas. Sí, tal y como suena. Tal y como has imaginado. Ese lugar donde almacenamos  todo aquello que merece ser olvidado porque no construye sino que destruye. Las traiciones, los pellizcos y las zancadillas de la mala voluntad del hombre y la omnisciencia de la casual y déspota vida.

¿Y qué si el mundo tal y como conocemos acabara mañana? ¿no es eso sobre lo que pretenden concienciarnos las grandes superproducciones cinematográficas sobre desastres naturales? ¿Acaso no abanderan ellos una vida donde la bodega es tan irreal como retórica? Sé feliz viviendo hoy como el último día de tu vida. Consume, gasta, mueve la economía que yo llevaré a mis hijos a la mejor Universidad con tu Carpe Diem.



Come hoy lo que no puedas comer mañana.
Invierte en vivir y no en tener.
Viaja hoy lo que no puedas viajar mañana.
Bebe hoy lo que no puedas beber mañana.

¿Hay forma humana o biológica de procesar los vinos de mi bodega sin perder el hígado en el intento? Lo dudo, ciertamente. Como tampoco garantizo mi salud mental en el mejor de los pronósticos.

Y ni en este lado del charco ni en el otro, nos enteramos de que el verdadero lastre no va en la piel sino en la memoria. Las pequeñas pullas e idioteces que pesan en el alma como hielo en estalactitas, afiladas y en dirección mortal hacia el suelo. Lo que no pesa no tiene valor y lo que duele en el orgullo pesa más que el hormigón. Una vez más, retórica sin sentido. Y cuidado, no hablamos de bolsos de mano o trolleys con ruedas. Son bodegas con techos abovedados y paredes de ladrillo viejo, barro y arañas. Agujeros en la pared donde guardamos los recuerdos enquistados por el factor resbaladizo de la comunicación. El buen vino macerándose en una cura atemporal que convierte una anécdota desagradable y un caro caldo de ira en incontinencia social.

Llegado este momento, vistas las opciones y el almacén de las ofensas se me ocurre pensar ¿será proporcional la relación entre éstas y la felicidad?

Proporción. Equilibrio. Independencia. Otras tres panaceas.                                                                    

Quizás,  enviar los quistes emocionales a la bodega es una opción más. Como también lo es dejarlos correr y olvidarlos o tomar de ellos lo necesario para cultivar un caldo que no degenere sino que genere. Y en este aventajado desvarío las eternas y lapidarias decisiones sobre las que no tengo nada que enseñar sino mucho que contar. Porque sí, porque se me antoja. Porque si cabe la posibilidad de vivir episodios de locura como lapsus de felicidad yo quiero ser loca. Y…

Si la locura es la privación del juicio o del uso de la razón,
Las opciones llenan bodegas,
Y la felicidad es la satisfacción, el gusto o el contento…

Permitidme abogar por la complacencia de escoger vaciar mi bodega a través de este escrito. Prefiero dejar para después algún que otro aprendizaje. Afrontar los dolores repetidos que han de venir para no viajar con lastras inútiles. Capear los devenires de nuevo, una y otra vez. Y en este momento de locura describiré el olvido que me hará francamente feliz. La inconsciencia que etiqueta mi equipaje en el hangar del olvido. 

¡Enemigos! 

Regalo botellas de buen caldo con un treinta y cuatro por ciento de insensatez, siete por ciento de recelo, cuatro de murallas y defensas y el resto de miedos: al dolor, a las nuevas traiciones, a las viejas pasiones, a las lenguas viperinas y a todo aquello que me hace sentir tan pequeñita que yo misma me puedo esconder en uno de estos viejos botellines.


Y a pesar de la intención y la búsqueda constante de la felicidad, aquí me tienes lector. Ausente de mi propia identidad.





miércoles, 7 de agosto de 2013

ECHO DE MENOS TU PESO EN MI CAMA



Anoche volví a soñar con el corcel negro y recordé una de tantas veces en las que te pregunté lo de siempre.

  •           ¿Qué diferencia a un caballo de un corcel?
  •           El corcel es presto a la carrera Annita, siempre brioso y su carácter fulgurante y explosivo. No es más alto,  ni más bonito sino  indómito y libre por derecho de nacimiento – tras esa definición supe que pocos se encontrarían con una jaca en sus sueños. Miré hacia el mar recordando.


Mi bello corcel corría pateando el mar con  los cascos y la brisa salina con sus crines. Cierto era que el albedrío emanaba de la forma en la que su pelo negro azabache reflejaba la anaranjada iluminación del atardecer. Su cuerpo musculoso lo perfila como un arma perfecta para la lucha. Es fuerte y libre, es una utopía.



Y como siempre, como cada vez, el voluntarioso animal detiene su genio para mostrarme un  jinete descabalgado. El bebé rubio también lo acompaña hoy. Con sus deditos entrelazados con las largas crines de la cola del corcel camina divertido siguiendo su estela. Sonríe con las quejas del mar a su visita, que no para de salpicar  sal a su cara y sus ojos. Hoy no está vestido de azul sino que su viaje lo hace desnudito pero con esa sonrisa que te haría encontrarlo en los mismos abismos del océano. La libertad y la ingenuidad tiran de mí en tu dirección y yo confío crédula y cegada por los ecos del amor que no puede arrancar la enfermedad del olvido. Meto en mi bolsa otro puñado de piedras.


Sentada en los límites más occidentales del Mediterráneo  confundo la realidad con el sueño. Puedo tocar el firme pelaje del animal y el niño se acerca a por sus caramelos. Pienso, seriamente, que estoy próxima a enloquecer. La vida nos quita a cada uno lo que se le antoja. A ti te llevó un Hitler internacional, el exterminador de los más fuertes y el liberador de los débiles ¿Pensará el cáncer que es justo? ¿Harán todos los jueces justicia? Nunca, jamás. Me retuerce el alma recordar que lo sabías, tus advertencias y consejos. Siempre apostaste que no morirías de viejo.


  •           Annita, viajemos por el mundo. Vivimos sin nada pero vivamos reina mía.


Y así pasamos la vida en una pequeña caravana y en una cama estrecha que compartimos cada noche. Y cuando la vejez comenzó a enseñar sus uñas compramos una casita  a la orilla del mar. Un lugar alejado donde no llegaban los vigilantes de la playa, ni las duchas ni los chiringuitos. En raras ocasiones alguna que otra pareja de enamorados en busca de un rincón para su amor, solo entonces nos tocaba compartir. Lo suficientemente lejos para que durante la próxima década no se levantaran hoteles de hormigón camuflado de madera y pintura azul. No necesitábamos más tiempo.


Sigo bajando a la playa cada día y traigo conmigo esas piedras que dibujaste para mí, cada una con una letra escrita para contar con ellas mis recuerdos. Cargo en mi bolsa las que necesito y marcho a casa.


Cada día.


¿Sabes? He cambiado la cama de lugar en el dormitorio. Ahora está justo frente a la ventana para que el sol de la tarde te caliente la piel, recuerda que temprano en la mañana siempre tengo un poco de frío y rebusco al encuentro de tus pies. Aún así, cada día es más difícil estar sin ti. Podrías haberme dado una lista con mil guiones más para no echarte de menos y no habría sido suficiente. No hay letra que tape mis huecos. Quité tu silla de la mesita pequeña de la cocina pero aún te oigo preguntarme si he terminado o no el café que ya está frío sobre la mesa. Tiré todos los tapes grandes para acostumbrarme a cocinar solo para uno pero aún te dejo el chorizo de las lentejas y el mejor tocino en el puchero.  Saqué toda tu ropa del armario y la lleve a la beneficencia pero el armario huele a ti. Mi mente huele a ti ¡Maldita memoria caprichosa! Tengo esa pulserita que me regalaste pero no la necesito, siempre recuerdo donde encontrarte a pesar de que no pueda decir tu nombre.


Sé dónde estás.

En el mar.

Me pediste que te dejara en el mar.

  •           ¿Por qué yo no sueño con un caballo blanco como todo el mundo?
  •           Porque el caballo es fuerte y resistente pero el corcel es rápido e inconsciente. Olvida rápidamente y no tiene miedo a la batalla ni es perezoso para recorrer el mismo camino una y otra vez  – en estas conversaciones tu voz ya era perezosa.
  •           ¿Y por qué negro?
  •           Para que recuerdes que debes prepararte para lo peor.
  •          Ah… entiendo. Es por si te olvido, quieres que te recuerde rápido como un corcel y que venga a buscarte. Pero también quieres que esté preparada para aprender cada día que ya no estás.


Palabras sencillas que me dirigen a diario a un camino tortuoso. Un recuerdo lastrado en acero y hormigón que deja vacío tu lado de la cama. A ti te llevó un cáncer y a mí me mata a diario el olvido.  Te echo de menos ¡Cincuenta años abrazada a ti cada noche! ¿De verdad piensas que hay forma de que sobreviva así? Y por más que quieras mi caballo nunca muere ni trae un mal augurio sino que siempre me engaña y no se cansa de traerme esperanza, a mi edad ¡qué maldita gracia! ¡Dichoso sueño premonitorio! ¡Tráeme a mi sicario para que deje de dormir con  piedras!


Y me abrazo a ti. Con el paso de los días he llenado tu hueco en mi cama. Piedrecita a piedrecita había llenado tu lado con frases escritas en piedra. Frases que hoy son mi único recuerdo.  Dicen que cuando los enamorados duermen juntos siempre sobre un brazo. Tú siempre lo hacías a mi derecha, para que el brazo de más fuera el tuyo al abrazarme por la espalda cada noche.  Tus letras, una a una, hundían su peso en el colchón dibujando un perfil suave que no había logrado perfeccionar aún. Pero allí estabas, petrificado, difuminado, devolviéndome el calor del sol de la tarde mientras me abrazaba durante la noche al montón de piedras que eran tu legado.


Y es que echo de menos tu peso en el colchón. No recuerdo tu nombre. Olvidaste apuntármelo o quizás aún no encontré la piedra donde lo escribiste. Esta noche volveré a ver tu emisario en mis sueños, el bebé me entregará una piedra con la primera letra dibujada a cambio de un caramelo de limón. Con esa letra encontraré diez más en el suelo y sin querer reconstruiré una frase que nacerá de la inspiración más efímera y contenciosa. Cuando te ví, te lo conté.


  •           Esta  noche he vuelto a soñar con el negro corcel amor.
  •           ¿y qué ha ocurrido?
  •           Comenzó a entrar en el mar y nado hasta desaparecer.
  •           ¿Y el bebé?
  •           Como de costumbre venía agarrado  él y también entró al mar.
  •           ¿No te entregó ninguna piedra?
  •           No tuvo ocasión porque corrí tras de él para darle su caramelo.



sábado, 3 de agosto de 2013

DEMASIADO

Aunque ando preparando otra entrada para Cartas en el Equipaje he querido pasarme por aquí para dejaros este tema. Ayer me hizo mucho bien, hoy seguro también lo hará. Ella siempre consigue sacar lo mejor de mí a pesar de los berrinches en las batallas perdidas.


APRENDÍ A CREER EN LA CASUALIDAD. EN NO BUSCAR LA CANCIÓN PERFECTA SINO ENCONTRAR LA PERFECCIÓN EN "esa" CANCIÓN.








Rosana Demasiado letra Musica
Demasiados abrazos en la hoguera del frió 
demasiado de todo en un mundo vacío
demasiadas promesas en corrientes de aire
demasiadas urgencias para nada importante

Demasiada violencia donde juegan los niños
demasiadas sonrisas en terreno baldío
demasiada injusticia atracándote el sueño
demasiada esperanza en la línea de fuego

Hoy levanto el corazón
pa’ brindar por los vencidos
me gustaría cambiar los errores repetidos
cargué en alguna ocasión
y en más de una canción
con los que no fueron míos
hoy levanto el corazón
pa’ descorchar el amor 
y bebérmelo contigo

Demasiado trabajo para poco salario
demasiada miseria en la cola del paro
demasiadas verdades para tantos engaños
demasiados cristales en la fila del baño

Demasiadas farolas para tan pocas luces
demasiada movida en calle del cruce 
demasiada cordura para tanto desastre
demasiada tristeza en la puerta del baile


Hoy levanto el corazón
pa’ brindar por los vencidos
me gustaría cambiar, los errores repetidos
cargué en alguna ocasión
y en más de una canción
con los que no fueron míos
hoy levanto el corazón
pa’ descorchar el amor 
y bebérmelo contigo

Fuente: Quedeletras.com


YO CREO EN LA FE, LA ESPERANZA Y LA LUZ DE ESTA MUJER CUANDO ESCRIBE ALGO ASÍ. CON ESTO ME QUEDO DEL SER HUMANO.






domingo, 21 de julio de 2013

El Éxito, Amor.

Hoy he decidido salir a pasear. Tenía que pensar y no tener techo siempre me ha ayudado. Divago sobre el éxito amor, y es que no lo entiendo. ¿De qué hablamos?

De felicitaciones, de palmadas en la espalda, puñaladas envidiosas, satisfacción, premios, dinero ¿de qué hablamos, amor? ¿Cómo lo medimos?

Me felicitan en mi cumpleaños y odio ese día. Con avaricia y alevosía detesto que cuando la vela titila la próxima en tener la atención sea yo. Y todos esperan que soples, y que soples bien. Y si es una vela de broma que te rías y sigas soplando hasta que te tengas que sentar, y a alguien le de tanta pena que te traiga una copa de algo que se agarre al riñón y derive la consciencia. ¿Depende el éxito de que los abrazos que recibes sean sinceros?

Las palmadas en la espalda se traducen en “menos mal que eso no lo haces mal”, lo que no es para echarse a llorar, porque cuando eres grande, ya no se llora por todo amor. Solo por lo que escuece, a escondidas o cuando tienes la regla. También hay palmaditas de “no sé de lo que hablan pero…” “ah…  que escribes…”. El otro día la abuela le prohibió a tu prima leer nada que escriba yo, dice que ni las recetas de la tarta de chocolate y vino, que es muy pequeña. Sí, eso es éxito cielo, al menos no se le olvidó lo que leyó porque mi cumpleaños no lo ha aprendido en ocho años. Es más se olvida hasta de ti.  ¿Depende el éxito de la gente que no te olvida o de los que te recuerdan?.
Golpecito, golpecito, puñalada, lengüetazo. Golpecito, golpecito, puñalada, lengüetazo. 
Esa es la canción del sur retoño.
Río, río, golpeo y me relamo. Río, río, golpeo y me relamo. Si alguien le pusiera música y un “perrea, perrea” tendríamos la canción del verano. Estoy enfadada ¿se nota? Y cansada ¿te diste cuenta?

Juicios, valores, notas, zancadillas, opiniones y lenguas viperinas. Si en verdad quiero que el mundo sea más lindo cuando llegues debería empezar por ahorrar para un billete de ida a la Luna. ¡Qué desesperación amor!  Todo envuelto de emociones. Todo complejo. Retorcido. Maldito Feedback. Ansío poder imaginar el Partenón de la independencia, crear sin recortes ni respuestas. Sin esperar a cambio ¿qué? ¿una palmada?, ¿un voto? ¿una puñalada? ¿o una gracia cortante con una carita feliz al final? Nooo, si era broma. Esta mujer se desespera amor, y lanza mordidas a diestro y siniestro en el círculo seguro de la frialdad. Que los quiero morder pero no pruebo la sangre ¡frustración de conciencia!

Satisfacción. La única propuesta que trae la calma. La conciencia acallada con el cansancio propio del esfuerzo, del trabajo bien hecho. Esa, pequeño, es la única que pide silencio al corazón y consuela los puñados dolorosos. La plenitud de la consciencia única satisfecha. La individual e intransferible, lo que queda cuando todo lo demás es derribado.  No hay recortes de libertades ni ladrones que te arrebaten este beneficio que te es regalado con el alma. Equilibrio, balanza, …, el Ying y el Yang donde se enfrentan las perspectivas y las expectativas. Estaré aquí para enseñarte a mantenerla viva.

Premios. La gran bombilla social. Lo más ostentoso del éxito e indudablemente la única opción que queda sobre la chimenea. La que solo la perfección del Guante blanco puede arrebatarte. Es el hecho visible de que has cumplido con éxito las propuestas de los demás. Has respondido correctamente a una pregunta, has preparado la más elaborada y rebuscada respuesta o incluso has sido el único torpe en contestar. Poco importa si el polvo puede aferrarse a él y participar en su propia medida del éxito: el más grande, más alto, más bonito, más espectacular, más caro…. Premios, premios, premios. No hay mejor recompensa que el abrazo diario. No te preocupes, te lo recordaré. Te los daré.




Y en resumidas cuentas no hay mayor éxito que el equilibrio, la paz labrada con la satisfacción personal. Corazones repletos de abrazos y miradas que no necesitan palmear la espalda. No hay mayor éxito que sentir pasión por la vida. Sonreír al comprar el pan y llorar con el cine matinal. Dejar mover las caderas con melodías de mundos lejanos y entender el arte como el complejo lenguaje del corazón. Yo te enseñaré amor. Prometo que lo haré.

domingo, 14 de julio de 2013

Talión



Son tiempos difíciles para todos.


Hace mucho que no me paso por aquí así que de una vez, voy a dejar este relato que a pesar de la crudeza y la injusticia que esconde es un espejo fiel de lo que no sabemos evitar.


En un contexto cuando menos macabro y oscuro, privativo de humanidad y moral, nos seguimos sometiendo al juicio del panadero que sabiendo que el pan lo comerán hijos de la falta de moral, escoge la más raquítica pieza de levadura y harina para los retoños de la extranjera del quinto. Juicios, juicios, juicios.

Abejita crédula (Ana G. Collado) Última Actualización de Estado, 01/07/2013 18:25

Ana paseaba por la calle sin creer lo que veía, en serio, así era ella. Torpe y huidiza, siempre detrás de alguien más alto o algún matojo espeso. No paraba de tirar de su vestido en un intento vano de disimular sus arrugas.  Esa misma tarde se había encontrado con una vieja amiga y habían hablado sobre las cosas bonitas que le habían pasado (a ella) desde la última vez que se vieron. Puff… un montón. A Sheyla le habían concedido por fin la ayuda familiar por su tercer hijo, y gracias a eso había podido comprar un nuevo Iphone para digitalizar las tardes de la familia; encerrada en casa YA sin un duro  para ir a ningún lado. Pero eso sí, su nuevo smartphone era una maravilla. Tenía corrector ortográfico y escribía Whatsapp a velocidad ultrasónica que no se entendían ¿pero eso a quién le importaba?  De todas formas. era una bonita tarde, soleada y larga. En el parque todos aprovechaban el fresco de las últimas horas y nadie podía ver detrás de la mirada de otro. Era imposible adivinar los pensamientos oscuros y los verdaderos detonantes de las sonrisas porque, lo que tenemos dentro todos lo guardamos con recelo.

-              ¡Hola Amor!- unas manos masculinas le taparon los ojos desde atrás y le susurraron al oído - ¿qué hace una chica como tú en un lugar como este?
-              Pasear – contestó, desconfiada y nada temerosa por primera vez.
-              ¿Y por qué paseas? – Ana quiso volverse para ver el rostro de su conversador pero este no se lo permitió. Sin embargo apartó las manos de sus ojos para colocarlas sobre sus oídos.
-              Para ver y escuchar a las personas en el parque. Me gusta sentirme acompañada – contestó.
-              ¿Y ellos? ¿disfrutan de tu compañía?
-              Claro, supongo que sí. Yo no molesto a nadie – casi soy invisible, pensó.
-              Eso es cierto. Pero tampoco nadie es consciente de tu presencia – mientras hablaba destapó sus oídos para colocar una mano sobre su boca. - Si no hablas, nadie puede escucharte, Ana.
- Yo hablo – intentó responder, ya algo molesta, dejando escapar la voz a través de sus brutos dedos.
-              ¿y qué dices? – la dejó hablar.
-              Les pregunto como están y ellos me contestan.
-              ¿Y alguien te pregunta algo a ti?
-              Claro
-              ¿Has contado a alguien lo que ha ocurrido esta tarde?

El corazón de Ana dejó de latir impresionada por esa confesión. Nadie. Absolutamente nadie sabía lo que había ocurrido aquella tarde.


En pleno siglo XXI, en la década de la libertad intelectual donde cualquiera podemos escribir cien palabras juntas y llamarlo relato merecidamente, Ana había decidido entrar un rato para leer en una comunidad de internet. En ella peculiares mentes, unas agudas y despiertas, alguna que otra ensoñadora ordenada (o desordenada), unas empíricas y otras filosóficas, algunas personales y otras impersonales… Todas ellas hablaban en voz alta a través de las letras hacia un grupo dispuesto a escuchar y libre para decidir qué leer  y qué no. Había un par de autores que despertaban en ella la necesidad constante de vivir a través de su fuerza. Sus descripciones y sus pasiones alcanzaban sus noches. Tal era así, que más de una mañana se había despertado pensando en esos mensajes que se imprimen en tinta invisible.

“Tú puedes, no es tan difícil, inténtalo, eres fuerte…” .

Poco a poco se había ido haciendo un lugar en aquella comunidad literaria,  había aprendido a usar la retórica para gritar las verdades de su vida con el lenguaje de las letras. Entre la ficción y una realidad difícil de creer, Ana había conseguido a sus treinta y tres años  ser escuchada.
 
En resumen, todo aquello cuanto necesitaba pues bien dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír igual, que no hay mejor entendedor que el que quiere escuchar. Lástima que para ello necesitara el ordenador de su desamado esposo.

-              ¿Qué haces ,Ana?
-              Nada – se volvió presta.
-              Te dije ayer que no quiero que fisgonees en mis cosas.
-              No fisgoneaba, cariño, solo leía un poco – acarició su pecho suavemente intentando amansar la fiera.
-              ¿Qué lees? ¿ya estás otra vez en esa página rara donde no escriben más que sádicos  desempleados? 
No, en esa no, Alberto, esa la tengo en casa, pensó ella pero no lo dijo. ¡Claro que no lo dijo!.
-              Necesito el dinero de Belén.
-              ¿El dinero de la niña? ¿Para qué?
-              ¿Estás curiosa hoy, Anita? Tú solo tráelo y no me calientes la cabeza.
-              El dinero no está aquí – mintió – lo llevé al banco después de que robaran a la vecina de abajo.
Sé que fuiste tú quien le robó pero si tengo que  parecer tonta…


Ana recibió el puñetazo en el estómago sin sorpresa alguna. Había aprendido que prestar resistencia era solo una excusa para tener más dolor del que lamentarse después. Dejó que la sacudiera después  llevando su rostro a un ángulo cuanto menos incómodo. Golpeando en la parte más baja de la mandíbula donde los cardenales pasaban más desapercibidos.  A él poco le importaba pegar donde ni los Islamistas lo hacen, en la cara.  Intimidar era su pretensión y lo hizo la primera vez, después había trabajado más en la resistencia y en la rabia.

-              Necesito ese dinero, Ana, ahora – susurró en su oído mientras intentaba arrancarle tanto pelo como era capaz de sujetar en un puño. Ya no huía, ni se escapaba, ¿para qué?

Una vez más la empujó hasta el suelo y le sujetó la cabeza con el pie mientras arrancaba el cinturón de las guías  de su pantalón. Normalmente esta situación acaba en dos posibilidades, pero teniendo en cuenta que Alberto necesitaba que fuera al banco al día siguiente, o quizás que pidiera el dinero a alguien, descartaba una de las opciones. La marca rectangular de la piel del cinturón alrededor del cuello encendería todas las alarmas. Aún así, la alternativa rozaba la demencia y una humillación impropia de los derechos humanos..

-              No cierres los ojos, Ana, no los cierres o será peor.  
Ana lo sabía. Podía empeorar.

Le orinó en la cara y el pelo con un desprecio que ni los animales entienden. Era su delirante forma de decir “Eres Mía Pequeña”.  Pero Ana no era paciente, ni débil, era una  mujer adaptada a la situación. Una mujer de hechos cuyo cupo se había cubierto dos noches atrás cuando, al volver a casa al amanecer,  había ido directo a la habitación de Belén. No es necesario aclarar que el sexo extraconyugal era muy bien acogido para Ana, que reducía sus encuentros infructuosos y no consentidos a una o dos veces por semana. En el mejor de los casos. Pero no alrededor de su hija, eso no.

Tal y como Alberto solía exigir se levantó y antes de lavarse le sirvió su gran vaso con hielo y su botella de  Whisky escocés. Nocilla para Belén no, pero licor caro sí. Para eso siempre quedaba algo suelto en un cajón.

Como en la mejor novela de Agatha Christie, Ana dejó pasar la tarde en calma. Masajeando sus pies callosos e ignorando los desprecios de su desamante esposo. Pero dentro de ella, el júbilo pretendía escabullirse a través de sus labios. Jamás adivinaría el autor del relato de internet, que Ana lo convertiría en realidad. Había cuidado cada detalle, cada gesto con premeditación y alevosía. Había enviado a Belén con su hermana y sabía que si algo salía mal, Elena cuidaría de su retoño como a una más de sus bebés. Había vaciado el arcón congelador hacía meses. Los mismos que llevaban comiendo gachas y potajes convidados de las vecinas. Consiguió un cuchillo nuevo y bolsas de congelación. Respiró y cultivó su paciencia, intentando no pensar en cómo influiría aquella acción en su Karma. Desvaríos de una asesina.

Cuando los ronquidos de Alberto llegaron a la cocina el corazón de Ana se desató, sus dedos se movían solos y sus pies sudaban. Decidida, recogió el cinturón del sofá y metió la punta a través de la hebilla y después, la piel sintética alrededor del cuello de su víctima. Tal y cómo él hacía cuando la obligaba a hacerle una de esas vejatorias felaciones. Pero ella no paró cuando el pánico alcanzó los ojos del padre de su hija. Apretó más al recordar las marcas que no había podido evitar en el cuerpo de su pequeña. Siguió apretando al verle orinarse encima, a causa del miedo, mientras lo maldecía y le gritaba sobre la sensación tan desagradable de ese líquido caliente sobre la piel. Apretó al ver su lengua salir de su boca en busca de aliento. Esa con la que la había lamido en contra de su voluntad. No paró hasta que se le durmieron los brazos y el cuerpo de Alberto estaba frío. Solo entonces le envolvió en una sábana y le arrastró hasta el arcón. Como pudo le metió dentro, se duchó y salió a pasear a la calle. Sin más remordimiento que dejar cinco euros en el cepillo de la Iglesia. La paz de una buena acción. Los ahorros de dos largos meses.


En el parque, la conciencia de Ana hacía lo que podía para callar el recuerdo de su verdugo.

-              ¿Sabes lo mejor de todo? – picó a su acompañante girándose para enfrentarlo en el parque. Él se tapo los oídos con sus manos.

-              Que tú tampoco vas a contárselo a nadie,  Alberto.




Ahora que os he dejado impresionados y que la respiración recupera su pausa (es broma, ya sé que no es para tanto) os cuento... He propuesto este relato para su publicación en la próxima edición de Relatos+ 2013 pero ¡Necesito vuestros Votos! así que os agradecería que sacarais un segundo y sigáis este enlace para  dar a +1 aquí.

  ¡¡¡Solo los 10 con más votos pasarán la selección para la publicación!!!!

viernes, 5 de julio de 2013

Otra carta para tí

Hola bebé. Hoy te traigo un puñado de secretos. De esos que cuando los sacas del corazón escuecen durante horas.

Estás siendo un tardón cielo, no olvides que la pereza no es una gran virtud cuando la fortuna no va en la mochila. Al respecto tengo mis propios recelos.

Quería contarte que estoy conociendo a alguien que me tiene en una nube casi contante. Esa persona me enmaraña la cabeza y está presente a todas horas. Con ideas nuevas, revoluciones que desestabilizan todo lo estable. Demoledor de cimientos y derivado de la Goma-2.  Es fuerte, se mueve por la pasión y la entrega a los buenos fines, o a sus propios fines.  Es incansable y cuando agacha la cabeza  hay cientos de manos que le ayudan a volver a erguirse. A diario su rostro está henchido de satisfacción por los abrazos y los pequeños pasos que va dando y es capaz de estrujar la más delicada gota del mayor y exquisito manjar. Saborea tanto como sus labios tocan. Ha aprendido a pedir caricias y prueba tantas pieles como alcanzan sus dedos. Devuelve los toques al corazón con aplausos que sus manos ocupadas le permiten dar. Esta persona se encuentra a sí misma cada día afrontando con justicia sus miedos y convirtiendo las trampas y malos trucos en estrategias para un mundo mejor. Destapa su rostro gradualmente aunque aún se escolta detrás de caballeros, ogros, princesas y gatos.

Recién está aprendiendo a recibir elogios y repetirlos en voz alta sin miedo a las repercusiones. Aún piensa lo peor de cada persona y se protege del mundo y de sus abusos pero confío en ella y en sus alas. Esas armas de la imaginación que disuelven la barbarie con la distancia hasta el cielo.

-          ¿Es ahí dónde te escondes? Dímelo y voy a buscarte. Te lo prometo, amor.


Ha vuelto a recogerse el pelo para salir de casa y ha dejarlo suelto cuando quiere que papá la mire con esos ojos…Dejó el luto del cuerpo pero solo ahora vuelve a respirar su alma tras una larga rehabilitación de distracciones, intentos, fracasos, letras, renglones y gomas de borrar. ¿Dónde te escondes tardón? Cada vez le importa menos que la vean desgarrarse el alma y ama que se pregunten cuántas de las letras rozan lo real. Es una aficionada al despiste.

Quiere ser alguien cuando vengas a conocerle. Quiere que digas “es mi madre” con orgullo y sin vergüenza. Quiere que tus amigos le recuerden por lo que hizo y en quién me convirtió. Quiere que cuando te falte te digan “sé como ella”. Quiere ser pretenciosa con sus objetivos y no avergonzarse por ello, ser pecadora del ego.

Necesita que sus palabras signifiquen para ti lo que hoy significan para otro. Que seas tú quien diga –me siento mejor cuando leo tus historias, mamá - . Quiere ser mejor para ti y por ti. Quiere reconocerse en esa persona que le has obligado a construir de tanto esperarte. Quiere saber sus límites y derribarlos.

Esa persona es todo cuánto quiero ser yo. Y deseo, frente a todo lo demás, que vengas a conocerme algún día. 

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